DEFICIENCIAS DE CALCIO EN FRUTALES Y VEGETALES

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En el momento de planificar la fertilización de los cultivos, habitualmente, pensamos en agregar macronutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, que llaman la atención por las grandes cantidades que deben agregarse. Pero existen otros nutrientes igual de importantes, a los que se clasifica como macronutrientes secundarios -entre los que se incluyen calcio, azufre y magnesio-, y micronutrientes -hierro, boro, molibdeno, zinc, cobalto, cobre, etc.-.

Todos los nutrientes tienen sus características propias, tanto de disponibilidad en el suelo como de movimiento dentro de la planta. También son muy importantes los requerimientos del propio vegetal, ya que condicionan la cantidad de nutriente a incorporar como fertilizante.

Antes de fertilizar un cultivo se debe hacer un análisis del suelo para conocer cuánto nutriente hay disponible y, en base al requerimiento, determinar cuánto hace falta agregar. En general, los suelos no suelen tener deficiencias de calcio, pero éste puede no estar disponible en su totalidad para el cultivo debido a que se presenta como silicatos, carbonatos y/o yeso. El cultivo podrá absorber el calcio solamente si se encuentra ligado a la materia orgánica.

En general, dentro de los vegetales, los nutrientes se mueven a través de los haces vasculares. Este movimiento puede ocurrir por vía simplasto (atravesando células) o por vía apoplasto (entre células). El calcio presenta una movilidad reducida dentro del vegetal; es decir, que le cuesta llegar desde las raíces hasta las hojas o tallos, y, mucho más aún, hasta los frutos. Gracias a la transpiración, a través de la cual la planta libera agua por los estomas de las hojas, los haces vasculares pueden ascender por los tallos y llevar el nutriente correspondiente hasta las hojas.

Aún en caso de fertilizar el cultivo, el calcio disponible en el suelo puede no alcanzar por completo al fruto; o sea, asciende por transpiración hasta la zona de mayor conexión con el sistema vascular, cubre el requerimiento de las semillas o el cáliz, y queda almacenado en el espacio intercelular o en vacuolas (dentro de las células), de manera que no llega a las partes más alejadas del fruto (como la piel o la zona apical). Es entonces cuando, según el cultivo, pueden producirse las siguientes problemáticas:


Tomates o pimientos: blossom end rot o podredumbre apical.


Manzanas y peras: bitter pit.


Cerezas: cracking.


Papas: Sarna (enfermedad que entra en pieles débiles por falta de calcio).


Lechuga: tip burn.

Para solucionar el problema de la llegada del calcio a los destinos necesarios, Syngenta lanzó FortalisTM, un nuevo bioestimulante con tecnología CaT, que promueve el movimiento del calcio desde el espacio entre células a su interior y desde dentro de éstas a las adyacentes por medio de la vía simplasto que las conecta, moviendo el calcio desde las zonas con mayor disponibilidad (semillas y cáliz) hacia las zonas con menos disponibilidad (paredes de los frutos o ápices de frutos y hojas) por medio de la estimulación de los canales de transporte de calcio de las membranas celulares.

FortalisTM se aplica de forma foliar, es compatible con la mayoría de los fitosanitarios usados en los cultivos mencionados y las dosis de cada cultivo y momentos de uso son:

En manzana y pera: 2-3 litros/ha, comenzando desde la caída de pétalos y repitiendo cada 15-20 días, siendo óptimos los momentos de 30% de tamaño del fruto, 50% del tamaño, 70% del tamaño y, por último, 90% del tamaño, asegurando al menos 4 aplicaciones.

En cereza: 2-3 litros/ha, comenzando desde la caída de pétalos, repitiendo cada 15 días y asegurando al menos 4 aplicaciones.

En papa: 1 litro/ha desde el estadío de “papa gancho”, repitiendo cada 15 días y aplicando al menos 4 veces.

En tomate y pimiento: 300-400 cc/100 litros, repitiendo cada 15 días en al menos 4 ocasiones.

Los resultados son excelentes: en manzana y pera, FortalisTM redujo el bitter pitt en un 17%; en cerezas, redujo el cracking en un 16%; en papa, redujo la presencia de sarna en un 35%; y en tomate y pimiento, redujo la presencia de podredumbre apical en un 18%, además de mejorar el cuaje de las flores, el diámetro de los frutos y su peso.