Recomendaciones de manejo para controlar gusano blanco en cereales

Informes

Mal controladas, las larvas de gusano blanco pueden ocasionar pérdidas de rendimiento del 10%. El daño se inicia en la siembra y continúa hasta principios de julio. Para controlarla, la recomendación es tratar la semilla con Vibrance Integral.

Pergamino, Buenos Aires, abril de 2020. Las larvas de gusanos blancos (Diloboderus abderus) generaron cuantiosos daños en los cultivos invernales durante la campaña agrícola 2018-2019, lo que puso de manifiesto la falta de monitoreos antes de la siembra, que permitieran planificar medidas de prevención y control.

Según explica el Ing. Agr. Javier M. Vázquez, especialista en el tema, la denominación de Complejo de gusanos blancos responde a un grupo de especies de coleópteros que, en estado adulto, toman la forma de escarabajos y pertenecen a la familia Scarabeidae. Son varias especies fitófagas dentro del Complejo; y es Diloboderus adderus  (Coleoptera Scarabeidae), la que ocasiona daños significativos a los cultivos de invierno y primavera. Esta especie es conocida como gusano blanco en su etapa larval y bicho torito en estado adulto.

Estadios y ubicación

“El gusano blanco se encuentra presente en una amplia zona que abarca desde el Sur de la provincia de Buenos Aires, pasando por varias provincias, hasta el Norte del país, y presenta una generación por año. A los fines prácticos, desde la identificación y control, podemos describir el ciclo en dos partes”, afirma Javier Vázquez. “La primera, desde noviembre a mediados de abril, pasa por los estadios de prepupa, pupa, adulto, huevo, larval L1 y larval L2. La segunda va desde mediados de abril y hasta fines de octubre encontraremos larvas L3, estadio que puede alcanzar 4 a 5 g de peso y 7 a 8 mm de diámetro cefálico, y presentar un cuerpo translúcido que se transformará en cremoso con el paso del tiempo.  

En su estadio larval L3, provoca daños en semillas, plantas en emergencia y plantas en desarrollo de los cultivos invernales, como trigo y cebada, entre otros. El daño se inicia en la siembra y continúa hasta principios de julio, momento en el cual las bajas temperaturas obligan a las larvas a mantenerse inactivas a unos 15 a 20 cm de profundidad. La actividad de las larvas se inicia nuevamente a mediados de agosto, dañando plantas en macollaje y hasta llenado de granos, arrastrándolas por debajo de la superficie del suelo”.

Antecedentes sobre la dinámica poblacional de Diloboderus abderus

Según lo explica Javier Vázquez, “inicialmente, la siembra directa en cultivos extensivos promovió el aumento poblacional de muchas especies de insectos de suelo, incluyendo a los gusanos blancos. Por la falta de remoción del suelo, los insectos no fueron expuestos como alimento a predadores, como los pájaros, por ejemplo. En cambio, los insectos encontraron protección y alimento debajo del suelo, así como rastrojo en descomposición”.  

“Luego, el monocultivo de soja sostenido en el tiempo, sumado al excelente control de malezas durante los meses de invierno y primavera, mantuvo un suelo con reducidas provisiones de alimentos para las larvas L3 de Diloboderus abderus, las cuales se debilitaron, se enfermaron y bajaron significativamente el nivel poblacional en grandes regiones durante varios años. Finalmente, la incorporación de cultivos invernales en las rotaciones, los cultivos de cobertura y el escape generalizado de malezas gramíneas con los controles químicos condujo otra vez a optimizar las condiciones de supervivencia de larvas de gusanos blancos, determinando nuevamente los aumentos poblacionales registrados en la actualidad”, afirma.

Estimación de pérdidas

Investigaciones en laboratorio efectuadas en condiciones controladas y con infestación artificial concluyeron que una larva L3 de Diloboderus abderus en actividad puede consumir 15 semillas en germinación y plántulas de trigo en la etapa que va desde la siembra hasta los 60 días posteriores.

Varios trabajos realizados en diferentes EEA del INTA indicaron pérdidas de rendimiento del 10% cuando las poblaciones de larva L3 de Diloboderus abderus en actividad se aproximaron a 4 por metro cuadrado.

Monitoreo recomendado

A la hora de hablar de monitoreo, Vázquez sostiene que cada especie habitante del suelo utiliza un espacio donde encuentra su alimento, moviéndose dentro de umbrales óptimos de humedad, luz y temperatura. Pero las plagas de suelo ocupan un estrato diferente, donde se refugian, alimentan y reproducen. “Recomiendo realizar el monitoreo en cada punto de observación, iniciarlo desde la superficie y profundizarlo de manera estratificada. Los pasos para hacer un buen monitoreo son: 1°) Observar en superficie si existen montículos de tierra generados en la construcción de las galerías que habitan, orificios del suelo visibles debajo del rastrojo y restos de cadáveres de adultos correspondientes a los progenitores de dicha especie. Estos serían los primeros indicadores de la presencia de larvas de Diloboderus abderus en profundidad del suelo. Hay que tener en cuenta que los montículos de tierra no correspondan a grillo subterráneo (Anurogrillus muticus) o pequeños hormigueros. 

2°) Extraer una capa superficial de suelo de unos 5 cm que nos permita registrar si existen galerías de larvas de Dilobobderus adderus, las cuales son verticales, de 15 a 20 mm de diámetro, perfectamente cilíndricas y que llegan hasta los 15 a 20 cm de profundidad. En la dinámica de los muestreos se indica revisar un porcentaje mínimo de las galerías en profundidad y comprobar que se correspondan con larvas activas. Podrían ser galerías sin larvas, con larvas parasitadas o muertas por algún patógeno. Es frecuente encontrar galerías de grillo subterráneo (Anurogrillus muticus), pero estas serán de sección elíptica, inclinadas a unos 45° y de menor tamaño. 

3°) Comprobar si en la capa de suelo extraída para descubrir galerías se encuentra el rastrojo en descomposición, las semillas y las plántulas de malezas, que son la fuente de refugio y alimento de una gran parte de la fauna del suelo, incluyendo varias especies de insectos plagas, como el resto de gusanos blancos fitófagos distintos de Dilobobderus adderus.  Hecho esto, se debe proceder a diferenciar Dilobobderus adderus del resto del Complejo y para eso es clave tener en cuenta  que solo Dilobobderus adderus profundiza hasta 15 a 20 cm, que las larvas de Dilobobderus adderus llegan a los 4 a 5 g de peso, mientras que el resto no alcanza 1 g; que  el diámetro cefálico de las larvas L3 de Dilobobderus adderus es de 7 a 8 mm, mientras que el resto no supera los 5 mm; y que si el muestreo es muy temprano, durante el mes de marzo, por ejemplo, y las larvas de Dilobobderus adderus están en L2, presentarán dimensiones corporales similares al resto de las especies fitófagas. En dicho caso, podremos acudir a claves de identificación que nos permitan diferenciar las especies por la distribución de las setas en el último segmento abdominal, entre otras características morfológicas distintivas. Finalmente, se recomienda efectuar al menos 10 muestras de un ¼ de metro cuadrado por lote homogéneo de 50 ha. Si los lotes no son homogéneos y presentan sectores con diferentes historias de manejo o relieves irregulares, se debe monitorear cada sector por separado”, recomienda Vázquez.

Estrategias de control y Vibrance Integral

Para concluir, Vázquez afirma que “con la utilización de insecticidas aplicados en la semilla, concentraremos el ingrediente activo en el lugar requerido y minimizaremos el efecto sobre el resto de las especies que habitan el suelo y no dañan semillas y/o plantas. Otra ventaja de la elección del tratamiento de semilla con insecticidas sistémicos es el control indirecto de otras plagas que atacan las plantas en los primeros estadios de desarrollo, tales como los pulgones. Si controlamos pulgones con productos insecticidas asperjados en cobertura total en estados iniciales del cultivo, la mayor parte del producto caerá directamente en el suelo, fuera del blanco objetivo e incluso sobre la fauna benéfica”. 

Por su efectividad, la recomendación de los especialistas de Syngenta es tratar la semilla con Vibrance Integral. Este producto está especialmente diseñado para el control de enfermedades e insectos que afectan al cultivo durante su implantación.