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Nutrición

 

Manejo de la fertilización del cultivo de soja

Los cultivos tienen requerimientos que deben ser satisfechos para alcanzar altos rendimientos. Radiación, tiempo de crecimiento, agua, y nutrición son los principales requerimientos a ser cubiertos. En el caso de la soja, el objetivo es desarrollar un cultivo con óptimo estado a floración que permita interceptar eficientemente toda la radiación incidente y maximizar la tasa de acumulación de materia seca durante el período de llenado de granos. Para alcanzar este objetivo, entre otros factores, el cultivo debe cubrir sus necesidades nutricionales.

Si bien las técnicas de manejo mejoraron a lo largo de los últimos años, el uso de fertilizantes en este cultivo ha sido muy escaso, limitándose a aplicaciones de fertilizantes de arranque en el mejor de los casos. Resultados de investigaciones realizadas en la región pampeana demuestran la potencialidad de respuesta del cultivo ante situaciones de deficiencia de nutrientes.

En cuanto a la nutrición mineral, la soja es el cultivo de mayores índices de cosecha de nutrientes, tal como puede observarse en el Tabla 1.

Los elementos que más limitan la producción de la soja son nitrógeno (N), fósforo (P) y azufre (S) y en menor medida calcio (Ca), cobalto (Co), molibdeno (Mo) y boro (Bo). Estas últimas son menos frecuentes y no presentan la importancia de las de N, P y S.

Nitrógeno

El N es el elemento que en mayor magnitud restringe la producción de la soja y ésta logra proveerse del N por dos mecanismos: fijación biológica en simbiosis con rizobios y absorción desde el suelo.

Fijación biológica del nitrógeno atmosférico

La soja obtiene entre el 40 y el 75 % de sus requerimientos nitrogenados a través del mecanismo de fijación biológica de nitrógeno (FBN), por lo tanto la inoculación de la semilla es una práctica indispensable para lograr su adecuada provisión. El mencionado proceso comienza aproximadamente 30 días posteriores de la siembra y se va incrementando hasta alcanzar un máximo durante todo el período reproductivo y luego disminuye a partir del estadio de R5. Los requerimientos de N hasta floración son cubiertos principalmente por la oferta edáfica, mientras que los aportes por fijación biológica son muy importantes luego de la floración y durante el llenado de los granos. En los suelos de la región pampeana es frecuente observar significativos incrementos de la producción (aproximadamente 200 a 1.200 kg/ha o más) al inocular la soja en lotes que no tuvieron como antecesores cultivos de soja inoculados.

En estudios de fertilización e inoculación de soja en diversas provincias de la Región Pampeana se observó que la respuesta al agregado de fertilizantes también se incrementa con la inoculación, tal es el caso del efecto del agregado de P y de S (Bianchini y col, 2006).

En algunas de estas experiencias, para los tratamientos de fertilización con P y con S, la producción de grano en los tratamientos inoculados fue un 7% mayor que en los sin inocular.

Fósforo

Este es el segundo elemento limitante para la producción de la soja luego del N y su adecuada disponibilidad es crítica para lograr un rápido crecimiento y un desarrollo adecuado de la parte aérea, de las raíces, de los nódulos (número, ubicación y tamaño) y de una eficiente FBN. Las deficiencias de P reducen el crecimiento de las plantas y producen hojas pequeñas de color verde oscuro y de mayor grosor y las mermas en los rendimientos como consecuencia de deficiencias de P se explican mayormente por reducciones en el número de los granos.

Para el eficiente manejo de la nutrición fosfatada del cultivo es conveniente estimar la capacidad del suelo para proveer este elemento recomendándose hasta el presente para las diferentes áreas agrícolas de Argentina, la determinación del contenido de P extractable de los suelos (método de Bray Kurtz 1) en la capa de 0 a 20 cm de profundidad.

Estudios realizados en Argentina para relacionar los niveles de P extractable de los suelos con la respuesta de soja a la fertilización fosfatada, concluyeron que los niveles críticos de este nutriente en el suelo son :

• La Pampa: 12 ppm (Díaz Zorita y col. 2002).
• Entre Ríos: 15 ppm (Melchiori y col. 2002).
• Tucumán: 14 ppm (Sanchez y Lizondo, 1999).
• Santa Fe: 17 ppm (Fontanetto y col., 2008 ; Figura 1).

En los estudios de Santa Fe, la respuesta al agregado de P fue muy alta en todas las campañas agrícolas y se dieron en dosis de hasta 100 kg/ha de fertilizante fosfatado. Los máximos incrementos se verificaron en suelos con menos de 9 ppm de P extractable y los aumentos de rendimiento debidos a la fertilización variaron de 173 a 671 kg/ha en promedio.

Dosis de P

Las dosis de fertilizantes a aplicar dependen de los contenidos de P del suelo y de los rendimientos esperados del cultivo. Para la zona central de Santa Fe, las respuestas encontradas por Fontanetto y col. (2008) en soja al agregado de P en suelos con diferente disponibilidad de P, se detallan en la Figura 2.

Residualidad

Una particularidad que presenta el agregado de P como fertilizante al suelo, es su residualidad. En este sentido diferentes experiencias realizadas en la Región Pampeana (García, 2009; Ventimiglia, 2005) (con suficiencia de N y de S) en diferentes secuencias en las que se aplicó el P al momento de la siembra del maíz indicaron que la residualidad puede llegar hasta 2-3 años (Figura 3).

Azufre

Los metabolismos del S y del N están vinculados, por lo que deficiencias de S diminuyen la asimilación de N. Los síntomas de deficiencia son similares a los de N (hojas amarillentas) pero se dan en las hojas superiores (más jóvenes) y no en las hojas inferiores o viejas. En Argentina, se reportaron síntomas de deficiencia de S y respuestas a su agregado en el centro y el sur de Santa Fe y con menor frecuencia en el centro-norte de Buenos Aires y en Entre Ríos, desde mediados de los 90s, pero las respuestas se han ido ampliando en los últimos años. Las aplicaciones de fertilizantes azufrados provocan mayores rendimientos de la soja en lotes con suelos degradados (varios años de agricultura) y en ausencia de deficiencias de P.

En algunos sitios, la necesidad de fertilización con S podría determinarse por contenidos de S-SO--4 del suelo, recomendándose su agregado en lotes con niveles extractables de S-SO--4 inferiores a 10 ppm o si se han encontrado deficiencias generalizadas en la región. Sin embargo, el análisis de suelo como herramienta de diagnóstico de S no es confiable, como en el P.

En una experiencia donde se probaron dosis crecientes de S en la zona centro-oeste de Santa Fe en suelos bien provistos de P (42 ppm, Bray 1), se verificó una alta respuesta de la soja a su agregado hasta la dosis S12, donde se alcanzaron las mayores producciones (Fontanetto y col., 2009). Asimismo, la respuesta fue diferente de acuerdo a los grupos de madurez ensayados y los mayores incrementos se obtuvieron con los materiales más precoces, sobre todo los del Grupo IV (Figura 4). Los incrementos de producción promedio entre las dosis S0 y S12 fueron de 767 kg/ha (grupo IV), de 514 kg/ha (grupo V), de 425 kg/ha (grupo VI) y de 452 kg/ha (grupo VII).

La residualidad del S es similar a la de P logrando respuestas significativas en el rendimiento del cultivo hasta 2-3 años después de la aplicación y permite aplicar todo el fertilizante azufrado (y fosfatado) en el cultivo de trigo, con efectos residuales para la soja de segunda (Figura 4).

Otros nutrientes

La soja es un cultivo altamente demandante en calcio (Ca) y su efecto estaría dado por incrementar los niveles del nutriente disponible en el suelo y no tanto sobre la modificación del pH que podría efectuar.

En el Centro de Santa Fe, Vivas y Fontanetto (2004) reportaron respuestas al agregado de Ca, de P y de S en un cultivo de soja de primera en siembra directa.

El efecto del P y del S sobre los rendimientos de la soja, fueron magnificados ante el agregado de dosis crecientes de Ca. La respuesta positiva al agregado de Ca se debió a su efecto como nutriente (no como enmienda del suelo), ya que el porcentaje de Ca del complejo de bases intercambiables se encontraba en un nivel bajo.

Micronutrientes

Las deficiencias de micronutrientes son aún menos frecuentes que para el caso de N, P y S en la Región Pampeana Norte de Argentina, ya sea porque no se manifiestan en los suelos o porque debido a la falta de investigación no se las ha detectado e informado. No existen actualmente estudios sobre la determinación de los niveles críticos de diferentes micronutrientes en distintas áreas productivas y menos aún de determinaciones de ellos en tejidos vegetales, a los efectos de contar con información si están en niveles satisfactorios o no.

Experiencias realizadas en diferentes regiones del país mostraron resultados diferentes, así en el área de Marcos Juárez (Galarza, 2004-comunicación personal) no registraron efecto del agregado foliar de B en soja y se lo atribuirían a alta fertilidad natural del suelo.

En el área de Pergamino, la aplicación foliar de fertilizantes compuestos (macronutrientes + micronutrientes + biocompuestos) aumentó la producción de la soja y esto se atribuyó en mayor medida a los micronutrientes ya que el sitio experimental estaba bien provisto de P y S (Ferraris, 2008).

En el Norte de Buenos Aires se registraron aumentos en la producción de soja de 305 a 1.035 kg/ha por diferentes micronutrientes (Co, Mo, B, Zn, Cu, Mn) aplicados con la semilla y foliar entre V6 y R1 de la soja (Ferraris, 2008).

Para la región central de Santa Fe Fontanetto (2009) determinó que hubo efecto positivo de la aplicación de Co y Mo combinados con la inoculación de semillas.

En los tres sitios el rendimiento de granos fue afectado por los tratamientos de inoculación y fertilización y además, la fertilización con CoMo también provocó incrementos en la nodulación. Los rendimientos de grano promedio para los tres sitios mostraron diferencias por los tratamientos de fertilización y de inoculación y sin interacciones significativas entre los mismos. Hubo diferencias significativas para el tratamiento con CoMo, pero no significativas para los tratamientos de inoculación.

La aplicación de CoMo produjo aumentos (a través de todos los tratamientos con y sin inoculación) del 9,5 % .

Finalmente, a los efectos de presentar un simple modelo resumido del manejo de la fertilización de la soja para la región pampeana norte de Argentina, se detalla a continuación el siguiente esquema: