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Elección de híbridos

Maiz

El maíz es muy eficiente en la producción de biomasa, debido, entre otros factores, a una elevada tasa fotosintética, a un bajo costo energético de la biomasa producida y a una conveniente arquitectura de planta. Sin embrago, la posición axilar de su espiga, sujeta a dominancia apical durante la floración, y el hábito de crecimiento de tipo determinado confieren al maíz inestabilidad en el rendimiento en grano y en el índice de cosecha. El alto potencial de crecimiento y la sensibilidad del rendimiento al estrés hacen del maíz un cultivo de gran capacidad de respuesta al correcto ajuste en el manejo agronómico. 

La elección del híbrido a sembrar responde muchas veces a cuestiones subjetivas o conveniencias económicas, comerciales o financieras. Sin embrago es una decisión de manejo que condiciona el éxito del cultivo, ya que una vez tomada no admite correcciones durante la estación de crecimiento. Por lo tanto, resulta conveniente analizar algunos criterios ecofisiológicos que permiten orientar una correcta elección. 

Potencial ambiental 

Bajo condiciones de crecimiento sin limitaciones hídricas, nutricionales ni sanitarias, los ambientes de alta radiación solar y temperaturas propias de zona templadas, están asociados con altos rendimientos en maíz (Andrade, 1992). La mayor radiación diaria capturada por el cultivo en floración aumenta su tasa de crecimiento, y por lo tanto su granazón (Andrade y col., 2000), mientras que la cantidad aprovechada durante el llenado de los granos, garantiza su peso final (Borrás y Otegui, 2001). Por su parte, las temperaturas templadas prolongan la duración de las etapas del cultivo y el tiempo de aprovechamiento de la oferta radiativa. 

En esquemas de alta producción se deben buscar híbridos de elevado potencial de rendimiento, ya que en tales situaciones encontrarán las condiciones necesarias para su expresión, que justifiquen el mayor gasto en semilla. Variaciones en los rendimientos máximos en distintos ambientes reflejan limitaciones climáticas o edáficas no controlables, y su consideración resulta conveniente cuando se pretende la aplicación de altos niveles de insumos en el cultivo a fin de evitar un uso ineficiente de los mismos. Cuando esas limitaciones condicional la expresión del potencial genético, no se justificará la elección de semilla costosa, resultando entonces conveniente orientar la selección por estabilidad de rendimiento. En áreas con adversidades bióticas o abióticas severas (enfermedades foliares y altas temperaturas en las áreas maiceras del norte del país o incidencia de mal de Río IV en la zona endémica central) la selección del híbrido queda, obviamente, condicionada a aquellos genotipos tolerantes a tales adversidades. 

El largo del ciclo del híbrido 

En planteos de alta producción, sin limitantes hídricas ni nutricionales, la longitud del híbrido seleccionado debe corresponder a la estación de crecimiento de la zona, de modo tal que permita un vigoroso crecimiento reproductivo aprovechando los momentos de mayores niveles de radiación lumínica y buenas temperaturas. El empleo de materiales más precoces garantiza un rápido secado del grano y seguridad de cosecha, pero reduce el rendimiento alcanzable al limitar el aprovechamiento de la oferta climática. Por lo tanto, en ausencia de conveniencias comerciales en contrario, deben emplearse híbridos de ciclo completo en cada situación. En la Tabla 1 se presentan los rendimientos obtenidos con híbridos de diferente precocidad en cultivos regados y fertilizados en Pergamino. En cultivos de secano, sin embargo, la elección de híbridos de ciclo más corto o más largo puede constituirse en una estrategia para evadir la incidencia de limitantes previsibles (térmicas, hídricas o bióticas) sobre las etapas más sensibles del cultivo. 

Tabla 1: Rendimiento en grano (14% humedad) y sus componentes (número de granos y peso del grano) y fechas promedio de floración y madurez fisiológica de cultivos de maíz en tres fechas de siembra (mediados de setiembre, de noviembre y de enero) en Pergamino. Se incluyen los valores promedios diarios de radiación global incidente (RGf) y amplitud térmica (ATf) del período de cuatro semanas alrededor de la floración y de radiación global incidente (RGr) y temperatura media (TMr) del período reproductivo comprendido entre la floración y la madurez fisiológica, densidad de 9 pl m-2, campañas 1997/98 y 1998/99). Se incluye el valor de diferencia mínima significativa al nivel de significancia del 5% (DMS 0.05) para comparación de medias. 

 

El retraso de la siembra de maíz en la región templada limita los rendimientos alcanzables, y sus efectos negativos son mayores, cuanto mayor sea la latitud del lugar, debido al rápido deterioro de las condiciones ambientales a medida que avanza la estación. Acortar el largo del ciclo del cultivo con la elección de híbridos más precoces en siembras tardías y de segunda, resultará más beneficioso al sur de la región maicera que en la zona núcleo, donde sólo en siembras muy demoradas los maíces de ciclo intermedio superan a los más largos (Cirilo, 2001 a). En cambio, esa estrategia no mejora, y hasta reduce los rendimientos obtenidos en el norte del país, donde es mayor la duración de la estación de crecimiento aprovechable con el cultivo (Otegui y col., 2002). 

Respuesta a la densidad 

El componente del rendimiento más afectado por la densidad es el número de granos que alcanzan la madurez, asociado con la capacidad de crecimiento de la planta durante la floración (Echarte y col., 2000; Otegui y Andrade, 2000). Esa relación revela una escasa plasticidad reproductiva del maíz en baja densidad, donde el número máximo de flores formadas en la espiga limita el aumento del número de granos logrados cuando las plantas crecen a altas tasas (Vega y Andrade, 2000). A medida que el crecimiento por planta disminuye por incrementos en la densidad, la caída en el número de granos fijados en la planta se hace cada vez más abrupta, hasta alcanzar un umbral de esterilidad debido al relegamiento que sufre la espiga dentro de la planta en respuesta a mecanismos de dominancia apical. La respuesta a la densidad varía según los híbridos. En densidades subóptimas, los híbridos prolíficos expresarán mayor estabilidad del rendimiento, mientras que en altas densidades su comportamiento dependerá de la estabilidad de la granazón asociada con cambios en las relaciones de la cantidad de granos fijados con la tasa de crecimiento de la planta (Luque, 2000; Peper, 2002; Echarte, 2003) y con la cantidad de luz que recibe, donde los híbridos con canopeo plástico parecen tener un mejor comportamiento. 

La densidad óptima, es decir la menor densidad que posibilita maximizar el rendimiento, se modifica sensiblemente a través de los ambientes, respondiendo a las variaciones en la oferta de recursos para el crecimiento (de clima y de suelo, naturales o agregados). Cuando los recursos para el crecimiento se tornan limitantes, se reduce la capacidad de las plantas para crecer durante la floración y aumenta el riesgo de aborto de granos. Dicho riesgo debe ser prevenido sembrando una mayor densidad que permita mejorar la disponibilidad de recursos para cada planta y su granazón. Esta estrategia reportará beneficios de rendimiento, mientras el incremento en la producción por planta supere la reducción en el número de plantas, desplazando la densidad óptima hacia menores valores. La cantidad de plantas con las que ambas variaciones se compensan mutuamente define el nuevo valor del óptimo. Obviamente, a medida que la oferta de recursos ambientales empeora, los rendimientos esperables se reducen, pero serán siempre mayores alrededor de la densidad óptima (Figura 1; Andrade y col.,1996). 

Figura 1: Rendimiento en grano (14% de humedad) en función de la densidad de plantas para tres niveles de disponibilidad hídrica: sin deficiencia (círculos blancos), con deficiencia de 150 mm (círculos grises) y de 300 mm (círculos negros). La barra vertical representa el error estándar de la media (adaptado de Andrade y col., 1996). 

Respuesta al distanciamiento entre surcos 

En la mayoría de los cultivos de maíz bien manejados y con las densidades correctas, se alcanzan las coberturas de suelo necesarias para máxima intercepción de luz antes del inicio del período crítico de la floración, independientemente de la distancia entre los surcos y las ventajas de estrechar surcos son de reducida magnitud o inconsistencia (Cirilo, 2000). 

En ausencia de limitaciones hídricas, especialmente durante el período crítico de la floración, la respuesta del rendimiento a la reducción de la distancia entre surcos dependerá de la mejora en la cobertura que alcance el cultivo en esa etapa. Si el cultivo sembrado en surcos a 70 cm no logra plena captura de luz incidente en floración, el rendimiento mejorará al estrechar distanciamiento entre surcos. La respuesta será mayor cuanto menor sea la intercepción de luz en floración que se logre en el cultivo de surcos distantes y cuanto mayor sea el incremento en esa captura resultante en la siembra de surcos más angostos (Andrade et a.l, 2002). Entonces, la siembra en surcos angostos es una alternativa conveniente cuando la calidad del ambiente define una densidad óptima baja, o cuando se siembran híbridos de planta pequeña con estructura erecta (ej. pisingallo), o cuando se emplean híbridos precoces de escaso porte (Westgate y col., 1997). Del mismo modo, cuando una baja disponibilidad de nutrientes a la siembra no va a ser corregida oportunamente mediante fertilización, con la consiguiente limitación en la expansión de las hojas y su longevidad (Uhart y Andrade, 1995), el empleo de una menor distancia entre los surcos de siembra también puede resultar provechosa (Barbieri y col., 2000). 

El acortamiento de la distancia entre surcos aumenta la proporción de hojas que reciben luz solar directa y reduce la de suelo descubierto, lo que incrementa el consumo de agua por el cultivo en condiciones de secano, dado que el follaje ofrece menos resistencia a la pérdida de agua que el suelo seco en superficie. Esto puede intensificar los efectos negativos de la instalación de una sequía progresiva sobre la floración, dado que el cultivo consume más agua del suelo en etapas tempranas, limitando la reserva hídrica disponible para el momento crítico, con la consiguiente incidencia sobre la determinación del rendimiento si la sequía no es revertida oportunamente por lluvias. La magnitud de esa merma dependerá de la sensibilidad del híbrido. 

En planteos de alta producción de maíz, donde se recomiendan altas densidades, la siembra en surcos angostos no obtiene ventajas de su temprana cobertura del suelo. No obstante, puede resultar en mermas de rinde como consecuencia de la menor producción fotosintética del cultivo durante el llenado de los granos, en repuesta al empobrecimiento del ambiente lumínico del estrato inferior del canopeo activo (Cirilo, 2001; y Borrás y col., 2003). Este efecto es más notable en híbridos con canopeos rígidos, es decir aquellos incapaces de reorientar sus hojas en respuesta al ambiente lumínico que perciben (Maddonni y col., 2002). Debido al importante número de granos formados en tales ambientes, se compromete el suministro de asimilados a los mismos para completar su llenado, generándose granos más livianos con surcos angostos. Si bien las mermas de rinde por esta causa son de escasa magnitud (aproximadamente 3% para surcos a 50 cm respecto de 70 cm), la mayor removilización de reservas desde las cañas, puede provocar importantes pérdidas de cosecha como consecuencia del incremento de plantas volcadas y quebradas. La elección de híbridos con mejor estabilidad de caña y el anticipo de la cosecha, deberán ser tenidos en consideración si se usan surcos angostos en planteos de alta producción de maíz. 

Consideraciones finales 

El comportamiento reproductivo del maíz lo hace muy susceptible frente a modificaciones en su manejo (fecha de siembra, densidad de plantas, distanciamiento entre surcos) y se debe prestar especial atención a la elección del híbrido en función de sus particularidades y las del ambiente de cultivo (tanto hídrico como radiativo, térmico, nutricional y sanitario). Una mejor comprensión de esas interacciones permitirá orientar las decisiones de manejo que permitan asegurar los mejores valores de productividad y rentabilidad del cultivo en cada ambiente de producción que contribuyan a conservar el maíz en nuestras rotaciones agrícolas.